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“La estrechó entre sus brazos toda la noche y en sus brazos murió”, cuenta una amiga de la pareja McCartney. El 17 de abril de 1998, a la edad de 56 años, Linda McCartney sucumbió a una recaída del cáncer que padecía. Después de la incineración, Paul lleva las cenizas de su mujer a Inglaterra, a Peasmarsh, la granja que el matrimonio posee en East Sussex.
Dos días antes de su muerte habían dado el último paseo a caballo cerca de su rancho de Arizona. Los dos conservaban la esperanza de poder asistir juntos a la boda de su hija Mary el mes siguiente. Si bien Linda no pudo asistir al palacio de Buckingham cuando la Reina nombró caballero al ex Beatle. “Linda era y sigue siendo el amor de mi vida. Los dos años que hemos pasado luchando contra su enfermedad han sido una pesadilla”. Sólo la muerte ha podido deshacer, tras 29 años, esta pareja armoniosa y duradera, caso excepcional en el mundo del espectáculo.
Su encuentro se remonta a 1967, en la rueda de prensa que los Beatles dieron cuando apareció su álbum Sergeant Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Paul McCartney tenía entonces 25 años, uno menos que Linda. Ésta, hija de un importante abogado de Nueva York, estaba divorciada, era madre de una niña de 4 años, Heather y trabajaba como fotógrafa para una revista musical. Linda era espontánea y de una exuberancia refrescante. Paul que acababa de anunciar su compromiso con la actriz Jane Asher, fue seducido por esta bella rubia de ojos azules. Linda regresó a EE.UU., pero él fue a buscarla. Unos meses después ella estaba embarazada y ambos anunciaban su boda.
Tienen tres niños: Mary (1969), Stella (1971) y James Louis (1977). Pasado un tiempo deciden instalarse en el campo, en Escocia; allí viven felices con sus hijos. Paul dedica a su mujer todas sus canciones de amor. Linda le acompaña en todas sus giras, ya que se han jurado no pasar ni una noche separados y cumplieron esta promesa, salvo en muy raras excepciones.
Ambos le dieron prioridad a la pareja y a su familia, una vida sencilla y auténtica, muy pocos criados, ningún gasto ostentoso y la capacidad de saborear las pequeñas alegrías y las grandes dichas de la vida.
En diciembre de 1995 le descubren un cáncer de mama. Cuando pierde el pelo debido a la quimioterapia, Paul se corta el suyo muy corto para acompañarla en ese momento y siempre fue acompañada por el amor indefectible de su marido.
Fotografía por wildfires


