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Empiezan los recuerdos de lo que ojalá no hubieras visto, se nubla la mente y empieza la lluvia de lágrimas que no quieres dejar que salgan, aunque es inevitable lo necesitas, los sabes, es la única manera con la que te puedes calmar un poco. Luego llega la eterna respuesta al llanto que no soluciona nada, ese odioso “olvídala”…
Es que parece tan fácil para los demás… “Bórrala de tu mente, no merece la pena”. ¡Lo sé! Sé que no merece la pena, sé que no merece la pena desgranarme por alguien que me ha fallado, que me ha usado sin compasión, por alguien al que no le importado nada, lo sé. Pero, ¿Quién me dice dónde está la goma de borrar? ¿Quién me dice cómo tengo que olvidar? Es muy fácil pedir que se olvide, quizá demasiado, pero en realidad nadie sabe olvidar, nadie está preparado para olvidar.
Porque es muy fácil decir “voy a olvidarla” pero siempre aparecerá el recuerdo, siempre ocurrirá algo inesperado, siempre el jodido amor te volverá a poner la piedra para que vuelvas a caer. Y caerás.
Ay… olvidar, que venga el mago del olvido y me enseñe ya el hechizo…
Imagen cedida por La sanso


