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Fue un simple instante, un segundo, quizá dos, un fugaz momento, reflejo de lo que estaba pasando.
Dos miradas que vuelan por el aire y las palabras quedan atrapadas entre nuestros labios, no pueden salir, quizá no se atreven a hacerlo, quizá tienen miedo de no ser escuchadas, de que se pierdan en el viento, de que se queden vacías, de que no digan lo suficiente, de que digan demasiado.
El instante se acaba, las miradas se apagan, buscamos en el cielo una excusa para mirar a alguna parte y mientras tanto nos invade la pena, esa que se siente al no hacer algo que deberías haber hecho, esa que se siente al pensar que quizá si una pequeña cosa cambiara, cambiarían nuestras vidas radicalmente.
¿Por qué no un “te quiero”? ¿Por qué no un “te amo”? ¿Por qué no un simple “hablemos”? De nosotros, de lo que pasa entre nosotros, de lo que podría pasar entre nosotros, de lo que debería pasar entre nosotros.
Esas dudas, las eternas dudas sobre si la otra persona te mira igual que tú la miras a ella, si no solo es una percepción tuya, si no solo es un sueño de algo que querrías que fuera realidad.
Muchos miedos, quizá demasiados, nadie se lanza al mar, nadie quiere empezar, nadie quiere quedarse entre ese abismo que hay entre la sonrisa y la tristeza eterna.
El problema es que pasa el tiempo y el abismo se va haciendo más grande…
Fotografía por Federico Carrera


Que gran verdad hay en tus palabras sí fuéramos un poco más valientes cuanto cambiaría nuestras vidas .
Despues dicen que las mujeres ya son capaces de todo pero cuando se trata de dar el primer paso, siempre tiene que ser el hombre..
Mary tienes muchísima razón, como dice una amiga mía “¡cuántas cosas perdemos por miedo a perder!”.
Kayser quizá no sea necesario dar el primer paso, solo dar las señales y los pasos adecuados para que sean ellas las que den el paso.
Saludos!
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