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Cuando buscamos conocer a alguien para única y exclusivamente encuentros sexuales y resulta que lo encontramos sin ningún problema aparentemente; y sucede que se llega a un acuerdo mutuo, es decir se trata sólo de sexo, ¿qué puede salir mal?; pero ¿qué sucede cuando quien inicialmente propuso la relación de sexo casual, decide que quiere tener una cita?
No es que esté mal, sino a lo que me refiero es a que la cuestión de la cita sale completamente de lo establecido y no es sólo eso, lo peor que te puede suceder en una situación así es que te lo diga en una situación en la que te encuentras total y perdidamente confundido y no tienes ni idea de si deberías aceptar o declinar.
Y por si lo anterior no fuese suficiente, todo empieza a complicarse cuando en un acto de desesperación decides recordarle lo que en su momento fue el trato inicial unas semanas antes, con la mera esperanza de que lo hubiere olvidado.
Sin embargo, te das cuenta que no es que lo haya olvidado sino que simplemente cambió de opinión y tú ni siquiera te diste cuenta del momento en el que eso sucedió; ¿pero qué pasaría si eso hubiera sucedido al revés, si quien hubiera cambiado de opinión hubiera sido yo? Por supuesto que el tipo habría salido corriendo y jamás habría vuelto a saber de él.
Así que… no es que haya hecho eso, pero esa cena jamás sucedió y con suerte no sucederá; aunque de pronto me llama ya no nos hemos visto, siempre bajo el pretexto de que mi desfile está más cerca que nunca y tengo mil y un pendientes aún por resolver, lo cual no es mentira pero como ya lo he explicado antes, mis interminables pendientes jamás me han impedido seguir viviendo.


