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La noche impregna de oscuridad la vieja ciudad y mis dedos empiezan a volar al son de mis pensamientos, esos que empiezan a darse cuenta de que las cosas no son lo que parecen, de que, como dicen algunos cuentos, muchos lobos se encuentran escondidos entre las flores, de que quizá el cielo se encuentra demasiado cerca del infierno.
Miradas que parecen penetrantes, que parecen describir sentimientos, que parecen estar leyendo pensamientos y que en realidad no hacen más que mirar al vacío. Sonrisas que te hacen parecer especial y que en realidad, lo único que hacen, es hacer que seas uno más, nadie importante, nadie por el que pensar una cálida noche de verano. Palabras a las que intentas arrancar el significado de que quizás esa persona daría la vida por ti y que en realidad no dicen nada, están vacías, les damos un sentido que nunca van a tener.
Sentimos que hay alguien ahí cuando en realidad no lo hay.
Pensamos que hay corazones latiendo cuando en realidad no sienten nada.
Apariencias de las que no hay que fiarse porque son eso, apariencias, un amor que no significa nada, un amor en la que no hay dos personas, solo una, aunque nos empeñemos en que todo en esta vida vaya a pares, aunque nos empeñemos en buscar un corazón donde solo hay vacío.
Luego viene el golpe, el darse cuenta de todo y mirarla como se mira al fuego, con odio, con enfado, incluso con temor, aunque sepamos que ella no tenía la culpa, éramos nosotros los que quisimos convertir apariencias en realidades.
Imagen facilitada por Ignacio Sanz



Sin dolor no hay amor…
Solo muy pocas veces merece la pena sufrir por amor, si se sufre, realmente, es que algo no está bien. Esa es por lo menos mi opinión.
Saludos!